Archive for the ‘periodismo’ Category

historia de una nota (cristian alarcón)

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anotando una idea

Oh sí

pasó mucho tiempo

hasta que aprendí a pensar en el hombre

como en el hombre

hasta que descubrí esta forma de pensar

hasta que cogí este camino

en esta redentora dirección

y al hablar del hombre o pensando en él

dejé de hacer preguntas

de si es blanco o negro

anarquista o monárquico

seguidor de la moda o de lo rancio

si es de los nuestros o de los otros

y empecé a preguntar

qué hay en él de humano

y si hay algo

y también pregunté si ser hombre es algo evidente que sucede

porque sí o si hay que estar intentándolo todo el tiempo

insistir constantemente despertar en uno mismo el deseo de

ser hombre

y desde entonces empecé a buscarlo

en su especificidad

en su unicidad

quise acercarme

sobre todo acercarme a él en mí

en mi propio interior

deseé que existiera en mí

sin etiquetas señales banderas

sin tomahawk

sin penacho de plumas

que abandonara su trompeta de hojalata.

Ryszard Kapuscinski, Bloc de Notas (1986)

Tomás Eloy Martínez, 1934-2010

Fotografía: Gonzalo Martínez

Comenzó como periodista en La Nación y Primera Plana, del que fue jefe de redacción entre 1962 y 1969. Fue corresponsal en Europa de la Editora Abril y director del semanario Panorama (1970-1972) y del suplemento cultural de La Opinión (1972-1975). Vivió exiliado en Caracas entre 1975 y 1983, donde fue editor del Papel Literario de El Nacional y asesor de la Dirección. Allí fundó El Diario de Caracas (1979). En 1991 participó en la creación del diario Siglo 21 de Guadalajara, México, y en la del suplemento literario Primer Plano del diario Página/12 de Buenos Aires, del que fue director. Desde mayo de 1996 fue columnista permanente del diario La Nación de Buenos Aires y de The New York Times Sindicate, que publicó sus artículos en cincuenta diarios de Europa y América. Dictó conferencias y cursos en universidades de Europa, Norteamérica y Sudamérica. Obtuvo 7 doctorados Honoris Causa en letras. Desde julio de 1995 fue profesor distinguido de la Universidad de Rutgers en New Jersey y director de su programa de Estudios Latinoamericanos. Desde Julio de 2010 fue profesor emérito. Fue becario del Wilson Center de Washington DC, de la Fundación Guggenheim y del Kellogg Institute de la universidad de Notre-Dame, Indiana. En 2002 ganó el Premio Alfaguara Internacional de Novela; en 2009 recibió el premio Ortega y Gasset a la trayectoria periodística. Publicó siete novelas, todas ellas traducidas a por lo menos diez lenguas, y tres libros de ensayos periodísticos. Entre sus títulos más conocidos están Santa Evita (1995), La pasión según Trelew (1974), Lugar común la muerte (1979), La Novela de Perón (1985) y Purgatorio (2008).

Periodismo y narración: desafíos para el siglo XXI

Por Tomás Eloy Martínez

Los seres humanos perdemos la vida buscando cosas que ya hemos encontrado. Todas las mañanas, en cualquier latitud, los editores de periódicos llegan a sus oficinas preguntándose cómo van a contar la historia que sus lectores han visto y oído decenas de veces en la televisión o en la radio, ese mismo día. ¿Con qué palabras narrar, por ejemplo, la desesperación de una madre a la que todos han visto llorar en vivo delante de las cámaras? ¿Cómo seducir, usando un arma tan insuficiente como el lenguaje, a personas que han experimentado con la vista y con el oído todas las complejidades de un hecho real? Ese duelo entre la inteligencia y los sentidos ha sido resuelto hace varios siglos por las novelas, que todavía están vendiendo millones de ejemplares a pesar de que algunos teóricos decretaron, hace dos o tres décadas, que la novela había muerto para siempre. También el periodismo ha resuelto el problema a través de la narración, pero a los editores les cuesta aceptar que esa es la respuesta a lo que están buscando desde hace tanto tiempo.

En The New York Times del domingo 28 de septiembre, cuatro de los seis artículos de la primera página compartían un rasgo llamativo: cuando daban una noticia, los cuatro la contaban a través de la experiencia de un individuo en particular, un personaje paradigmático que reflejaba, por sí solo, todas las facetas de esa noticia. Lo que buscaban aquellos artículos era que el lector identificara un destino ajeno con su propio destino. Que el lector se dijera: a mí también puede pasarme esto. Cuando leemos que hubo cien mil víctimas en un maremoto de Bangla Desh, el dato nos asombra pero no nos conmueve. Si leyéramos, en cambio, la tragedia de una mujer que ha quedado sola en el mundo después del maremoto y siguiéramos paso a paso la historia de sus pérdidas, sabríamos todo lo que hay que saber sobre ese maremoto y todo lo que hay que saber sobre el azar y sobre las desgracias involuntarias y repentinas. Hegel primero, y después Borges, escribieron que la suerte de un hombre resume, en ciertos momentos esenciales, la suerte de todos los hombres. Esa es la gran lección que están aprendiendo los periódicos en este fin de siglo.

Volvamos ahora a esa primera página de The New York Times, el domingo 28 de septiembre de 1997. Uno de los artículos a los que aludí versaba sobre la situación del Congo después de la caída y la muerte de Mobutu. Empezaba de esta manera: “Cuando Frank Kumbu se levanta cada mañana y observa el mundo desde el modesto escalón de cemento que hay a la entrada de su casa, las imágenes de los chicos jugando en las calles enlodadas, del tránsito con sus estelas de humo, y el ruidoso desfile de soldados, mendigos y buhoneros, le recuerda cómo las cosas fueron durante, más o menos, los últimos veinte años”.

El otro artículo, sobre llamadas telefónicas gratis en Europa, estaba fechado en Viareggio, Italia, y estas eran sus primeras líneas: “Filippo Simonelli levanta el tubo de su teléfono, pulsa algunas teclas y una voz ladra en su oído: ¿Pizza recién hecha? Restaurante Buon Amico. Via dei Campi 24′. No, no se trata de una llamada a una pizzería. Es parte de un curioso experimento que ofrece a ciertos europeos llamadas de teléfono gratis a cambio de que acepten oír propagandas comerciales”. Un tercero, sobre las tensiones raciales en Estados Unidos, tenía su origen en Durham, North Carolina, y este era su comienzo: “Para John Hope Franklin el problema era enloquecedor: las orquídeas que estaba cultivando desde hacía 37 años en la ventana de su apartamento de Brooklyn morían o se negaban a florecer. Su solución al problema fue típica de su aproximación al estudio sobre las relaciones raciales en América al que le había dedicado toda la vida: leyó todo lo que pudo sobre el tema”.

Cuatro de los seis artículos que The New York Times publicó en su primera página ese domingo comenzaban como dije con la historia de un individuo; el quinto artículo narraba la historia de una familia; el sexto daba cuenta de ciertos acuerdos sobre impuestos entre los líderes republicanos del Congreso de los Estados Unidos. Si me detengo en esta característica del periodismo es porque no se trata de algo inusual. Casi todos los días, los mejores diarios del mundo se están liberando del viejo corsé que obliga a dar una noticia obedeciendo el mandato de responder en las primeras líneas a las seis preguntas clásicas o en inglés las cinco W: qué, quién, dónde, cuándo, cómo y por qué.

Ese viejo mandato estaba asociado, a la vez, con un respeto sacramental por la pirámide invertida, que fue impuesta por las agencias informativas hace un siglo, cuando los diarios se componían con plomo y antimonio y había que cortar la información en cualquier párrafo para dar cabida a la publicidad de última hora. Aunque en todas las viejas reglas hay una cierta sabiduría, no hay nada mejor que la libertad con que ahora podemos desobedecerlas. La única dictadura técnica de las últimas décadas es la que imponen los diagramadores, y estos, cuando son buenos periodistas, entienden muy bien que una historia contada con inteligencia tiene derecho a ocupar todo el espacio que necesita, por mucho que sea: no más, pero tampoco menos.

De todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas. La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificación de los datos, la interrogación constante. Allí donde los documentos parecen instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta. Preguntar, indagar, conocer, dudar, confirmar cien veces antes de informar: esos son los verbos capitales de la profesión más arriesgada y más apasionante del mundo.

La gran respuesta del periodismo escrito contemporáneo al desafío de los medios audiovisuales es descubrir, donde antes había sólo un hecho, al ser humano que está detrás de ese hecho, a la persona de carne y hueso afectada por los vientos de la realidad. La noticia ha dejado de ser objetiva para volverse individual. O mejor dicho: las noticias mejor contadas son aquellas que revelan, a través de la experiencia de una sola persona, todo lo que hace falta saber. Eso no siempre se puede hacer, por supuesto. Hay que investigar primero cuál es el personaje paradigmático de que podría reflejar, como un prisma, las cambiantes luces de la realidad. No se trata de narrar por narrar. Algunos jóvenes periodistas creen, a veces, que narrar es imaginar o inventar, sin advertir que el periodismo es un oficio extremadamente sensible, donde la más ligera falsedad, la más ligera desviación, puede hacer pedazos la confianza que se fue creando en el lector durante años. No todos los reporteros saben narrar y, lo que es más importante todavía, no todas las noticias se prestan a ser narradas. Pero antes de rechazar el desafío, un periodista de raza debe preguntarse primero si se puede hacer y, luego, si conviene o no hacerlo. Narrar la votación de una ley en el Senado a partir de lo que opina o hace un senador puede resultar inútil, además de patético. Pero contar el accidente de la princesa Diana a través de lo que vió o sintió un testigo suponiendo que existiera ese testigo privilegiado sería algo que sólo se puede hacer bien con el lenguaje, no con el despojamiento de las imágenes o con los sobresaltos de la voz.

Sin embargo, no hay nada peor que una noticia en la que el reportero se finge novelista y lo hace mal. Los diarios del siglo XXI prevelacerán con igual o mayor fuerza que ahora si encuentran ese difícil equilibrio entre ofrecer a sus lectores informaciones que respondan a las seis preguntas básicas e incluyan además todos los antecedentes y el contexto que esas informaciones necesitan para ser entendidas sin problemas, pero también o sobre todo un puñado de historias, seis, siete o diez historias en la edición de cada día, contadas por reporteros que también sean eficaces narradores.

La mayoría de los habitantes de esta infinita aldea en la que se ha convertido el mundo vemos primero las noticias por televisión o por Internet o las oímos por radio antes de leerlas en los periódicos, si es que acaso las leemos. Cuando un diario se vende menos no es porque la televisión o el Internet le han ganado de mano, sino porque el modo como los diarios dan la noticia es menos atractivo. No tiene por que ser así. La prensa escrita, que invierte fortunas en estar al día con las aceleradas mudanzas de la cibernética y de la técnica, presta mucha menos atención me parece a las más sutiles e igualmente aceleradas mudanzas de los lenguajes que prefiere su lector. Casi todos los periodistas están mejor formados que antes, pero tienen -habría que averiguar por qué- menos pasión; conocen mejor a los teóricos de la comunicación pero leen mucho menos a los grandes novelistas de su época.

Antes, los periodistas de alma soñaban con escribir aunque solo fuera una novela en la vida; ahora, los novelistas de alma sueñan con escribir un reportaje o una crónica tan inolvidables como una bella novela. El problema está en que los novelistas lo hacen y los periodistas se quedan con las ganas. Habría que incitarlos, por lo tanto, a que conjuren esa frustración en las páginas de sus propios periódicos, contando las historias de la vida real con asombro y plena entrega del ser, con la obsesión por el dato justo y la paciencia de investigadores que caracteriza a los mejores novelistas. No estoy preconizando que se escriban novelas en los diarios, nada de eso, y menos aún en el lenguaje florido y adjetivado al que suelen recurrir los periodistas que se improvisan como novelistas de la noche a la mañana. Tampoco estoy deslizando la idea de que el mediador de una noticia se convierta en el protagonista. Por supuesto que no.

Un periodista que conoce a su lector jamás se exhibe. Establece con él, desde el principio, lo que yo llamaría un pacto de fidelidades: fidelidad a la propia conciencia y fidelidad a la verdad. A la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el escándalo sino con la investigación honesta; no se la aplaca con golpes de efecto sino con la narración de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con la información precisa. Cada vez que un periodista arroja leña en el fuego fatuo del escándalo está apagando con cenizas el fuego genuino de la información. El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta.

Uno de los más agudos ensayistas norteamericanos, Hayden White, ha establecido que lo único que el hombre realmente entiende, lo único que de veras conserva en su memoria, son los relatos. White lo dice de modo muy elocuente: “Podemos no comprender plenamente los sistemas de pensamiento de otra cultura, pero tenemos mucha menos dificultad para entender un relato que procede de otra cultura, por exótica que nos parezca”. Un relato, según White, siempre se puede traducir “sin menoscabo esencial”, a diferencia de lo que pasa con un poema lírico o con un texto filosófico. Narrar tiene la misma raíz que conocer. Ambos verbos tienen su remoto origen en una palabra del sánscrito, gna, conocimiento.

El periodismo nació para contar historias, y parte de ese impulso inicial que era su razón de ser y su fundamento se ha perdido ahora. Dar una noticia y contar una historia no son sentencias tan ajenas como podría parecer a primera vista. Por lo contrario: en la mayoría de los casos, son dos movimientos de una misma sinfonía. Los primeros grandes narradores fueron, también, grandes periodistas. Entendemos mucho mejor como fue la peste que asoló Florencia en 1347 a través del Decamerón de Boccaccio que a través de todas las historias que se escribieron después, aunque entre esas historias hay algunas que admiro como A Distant Mirror de Barbara Tuchman. Y, a la vez, no hay mejor informe sobre la educación en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX que la magistral y caudalosa Nicholas Nickleby de Charles Dickens. La lección de Boccaccio y la de Dickens, como la de Daniel Defoe, Balzac y Proust, pretende algo muy simple: demostrar que la realidad no nos pasa delante de los ojos como una naturaleza muerta sino como un relato, en el que hay diálogos, enfermedades, amores, además de estadísticas y discursos.

No es por azar que, en América Latina, todos, absolutamente todos los grandes escritores fueron alguna vez periodistas: Borges, García Márquez, Fuentes, Onetti, Vargas Llosa, Asturias, Neruda, Paz, Cortázar, todos, aun aquellos cuyos nombres no cito. Ese tránsito de una profesión a otra fue posible porque, para los escritores verdaderos, el periodismo nunca es un mero modo de ganarse la vida sino un recurso providencial para ganar la vida. En cada una de sus crónicas, aun en aquellas que nacieron bajo el apremio de las horas de cierre, los maestros de la literatura latinoamericana comprometieron el propio ser tan a fondo como en sus libros decisivos. Sabían que, si traicionaban a la palabra hasta en la más anónima de las gacetillas de prensa, estaban traicionando lo mejor de sí mismos.

Un hombre no puede dividirse entre el poeta que busca la expresión justa de nueve a doce de la noche y el reportero indolente que deja caer las palabras sobre las mesas de redacción como si fueran granos de maíz. El compromiso con la palabra es a tiempo completo, a vida completa. Puede que un periodista convencional no lo piense así. Pero un periodista de raza no tiene otra salida que pensar así. El periodismo no es una camisa que uno se pone encima a la hora de ir al trabajo. Es algo que duerme con nosotros, que respira y ama con nuestras mismas vísceras y nuestros mismos sentimientos.

Las semillas de lo que hoy entendemos por nuevo periodismo fueron arrojadas aquí, en América Latina, hace un siglo exacto. A partir de las lecciones aprendidas en The Sun, el diario que Charles Danah tenía en Nueva York y que se proponía presentar, con el mejor lenguaje posible, “una fotografía diaria de las cosas del mundo”, maestros del idioma castellano como José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera y Rubén Darío se lanzaron a la tarea de retratar la realidad. Darío escribía en La Nación de Buenos Aires, Gutiérrez Nájera en El Nacional de México, Martí en La Nación y en La Opinión Nacional de Caracas. Todos obedecían, en mayor o menor grado, a las consignas de Danah y las que, hacia la misma época, establecía Joseph Pulitzer: sabían cuando un gato en las escaleras de cualquier palacio municipal era más importante que una crisis en los Balcanes y usaban sus asombrosas plumas pensando en el lector antes que en nadie.

De esa manera, por primera vez, fundieron a la perfección la fuerza verbal del lenguaje literario con la necesidad matemática de ofrecer investigaciones acuciosas, puestas al servicio de todo lo que sus lectores querían saber. Fue Martí el primero en darse cuenta de que escribir bien y emocionar al público no son algo reñido con la calidad de la información sino que, por lo contrario, son atributos consustanciales a la información. Tal como Pulitzer lo pedía, Martí y Darío pero sobre todo Martí usaron todos los recursos narrativos para llamar la atención y hacer más viva la noticia. No importaba cuán larga fuera la información. Si el hombre de la calle estaba interesado en ella, la leería completa.

Si hace un siglo las leyes del periodismo estaban tan claras, ¿por qué o cómo fueron cambiando? ¿Qué hizo suponer a muchos empresarios inteligentes que, para enfrentar el avance de la televisión y del Internet, era preciso dar noticias en forma de píldoras porque la gente no tenía tiempo para leerlas? ¿Por qué se mutilan noticias que, según los jefes de redacción, interesan sólo a una minoría, olvidando que esas minorías son, con frecuencia, las mejores difusoras de la calidad de un periódico? Que un diario entero está concebido en forma de píldoras informativas es no sólo aceptable sino también admirable, porque pone en juego, desde el principio al fin, un valor muy claro: es un diario hecho para lectores de paso, para gente que no tiene tiempo de ver siquiera la televisión.

Pero el prejuicio de que todos los lectores nunca tienen tiempo me parece irrazonable. Los seres humanos nunca tienen tiempo, o tienen demasiado tiempo. Siempre, sin embargo, tienen tiempo para enterarse de lo que les interesa. Cuando alguien es testigo casual de un accidente en la calle, o cuando asiste a un espectáculo deportivo, pocas cosas lee con tanta avidez como el relato de eso que ha visto, oído y sentido. Las palabras escritas en los diarios no son una mera rendición de cuentas de lo que sucede en la realidad. Son mucho más. Son la confirmación de que todo cuanto hemos visto sucedió realmente, y sucedió con un lujo de detalles que nuestros sentidos fueron incapaces de abarcar.

El lenguaje del periodismo futuro no es una simple cuestión de oficio o un desafío estético. Es, ante todo, una solución ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez.

Cada vez que las sociedades han cambiado de piel o cada vez que el lenguaje de las sociedades se modifica de manera radical, los primeros síntomas de esas mudanzas aparecen en el periodismo. Quien lea atentamente la prensa inglesa de los años 60 reencontrará en ella la esencia de las canciones de los Beatles, así como en la prensa californiana de esa época se reflejaba la rebeldía y el heroísmo anárquico de los beatniks o la avidez mística de los hippies. En el gran periodismo se puede siempre descubrir y se debe descubrir, cuando se trata de gran periodismo los modelos de realidad que se avecinan y que aún no han sido formulados de manera consciente.

Pero el periodismo, a la vez como lo saben muy bien todos los que están aquí no es un partido político ni un fiscal de la república. En ciertas épocas de crisis, cuando las instituciones se corrompen o se derrumban, los lectores suelen asignar esas funciones a la prensa sólo para no perder todas las brújulas. Ceder a cualquier tentación paternalista puede ser fatal, sin embargo. El periodista no es un policía ni un censor ni un fiscal. El periodista es, ante todo, un testigo: acucioso, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero sólo un testigo. Su poder moral reside, justamente, en que se sitúa a distancia de los hechos mostrándolos, revelándolos, denunciándolos, sin aceptar ser parte de los hechos.

Responder a ese desafío entraña una enorme responsabilidad. Ningún periodista podría cumplir de veras con esa misión si cada vez, ante la pantalla en blanco de su computadora, no se repitiera: “Lo que escribo es lo que soy, y si no soy fiel a mí mismo no puedo ser fiel a quienes me lean”. Solo de esa fidelidad nace la verdad. Y de la verdad, como lo sabemos todos los que estamos aquí, nacen los riesgos de esta profesión, que es la más noble del mundo.

Un periodista no es un novelista, aunque debería tener el mismo talento y la misma gracia para contar de los novelistas mejores. Un buen reportaje tampoco es una rama de la literatura, aunque debería tener la misma intensidad de lenguaje y la misma capacidad de seducción de los grandes textos literarios. Y, para ir más lejos aún y ser más claro de lo que creo haber sido, un buen periódico no debería estar lleno de grandes reportajes bien escritos, porque eso condenaría a sus lectores a la saturación y al empalagamiento.

Pero si los lectores no encuentran todos los días, en los periódicos que leen, un reportaje, un solo reportaje, que los hipnotice tanto como para que lleguen tarde a sus trabajos o como para que se les queme el pan en la tostadora del desayuno, entonces no tendrán por qué echarle la culpa a la televisión o al Internet de sus eventuales fracasos, sino a su propia falta de fe en la inteligencia de sus lectores.

A comienzos de los años 60 solía decirse que en América Latina se leían pocas novelas porque había una inmensa población analfabeta. A fines de esa misma década, hasta los analfabetos sabían de memoria los relatos de novelistas como García Márquez y Cortázar por el simple hecho de que esos relatos se parecían a las historias de sus parientes o de sus amigos. Contar la vida, como querían Charles Danah y José Martí, volver a narrar la realidad con el asombro de quien la observa y la interroga por primera vez: esa ha sido siempre la actitud de los mejores periodistas y esa será, también, el arma con que los lectores del siglo XXI seguirán aferrados a sus periódicos de siempre.

Oigo repetir que el periodismo de América Latina está viviendo tiempos difíciles y sufriendo ataques y amenazas a su libertad por parte de varios gobiernos democráticos. En las dictaduras sabíamos muy bien a qué atenernos, porque la fuerza bruta y el absolutismo agreden con fórmulas muy simples. Pero las democracias cuando son autoritarias emplean recursos más sutiles y más tenaces, que a veces tardamos en reconocer. Los tiempos siempre han sido difíciles en América Latina. De esa carencia podemos extraer cierta riqueza. Los tiempos difíciles suelen obligarnos a dar respuestas rápidas y lúcidas a las preguntas importantes.

Cuando Atenas produjo las bases de nuestra civilización, afrontaba conflictos políticos y padecía a líderes demagógicos semejantes a muchos de los que hoy se ven por estas latitudes. Y sin embargo, Aristóteles imaginó las premisas de la democracia a partir de los rasgos que tenía entonces Atenas. En el siglo XVII nadie podía imaginar tampoco hacia dónde se encaminaba Inglaterra. Se sucedían las guerras de religión y de conquista, los reyes iban y venían del cadalso, pero del magma de esas convulsiones brotaron las grandes preguntas de la modernidad y las geniales respuestas de Locke, de Hume, de Francis Bacon, de Newton, de Leibniz y de Berkeley. Del caos de aquellos años nacieron las luces de los tres siglos siguientes.

Algo semejante está sucediendo ahora en América Latina. Cuando más afuera de la historia parecemos, más sumidos estamos sin embargo en el corazón mismo de los grandes procesos de cambio. En tanto periodistas, en tanto intelectuales, nuestro papel, como siempre, es el de testigos activos. Somos testigos privilegiados. Por eso es tan importante conservar la calma y abrir los ojos: porque somos los sismógrafos de un temblor cuya fuerza viene de los pueblos.

Es preciso ponernos a pensar juntos, es preciso ponernos a narrar juntos. Lo que va a quedar de nosotros son nuestras historias, nuestros relatos. Es preciso renovar también las utopías que ahora se están apagando en el cansado corazón de los hombres. Una de las peores afrentas a la inteligencia humana es que sigamos siendo incapaces de construir una sociedad fundada por igual en la libertad y en la justicia. No me resigno a que se hable de libertad afirmando que para tenerla debemos sacrificar la justicia, ni que se prometa justicia admitiendo que para alcanzarla hay que amordazar la libertad. El hombre, que ha encontrado respuesta para los más complejos enigmas de la naturaleza no puede fracasar ante ese problema de sentido común.

Tengo plena certeza de que el periodismo que haremos en el siglo XXI será mejor aún del que estamos haciendo ahora y, por supuesto, aún mejor del que nuestros padres fundadores hacían a comienzos de este siglo que se desvanece. Indagar, investigar, preguntar e informar son los grandes desafíos de siempre. El nuevo desafío es cómo hacerlo a través de relatos memorables, en los que el destino de un solo hombre o de unos pocos hombres permita reflejar el destino de muchos o de todos. Hemos aprendido a construir un periodismo que no se parece a ningún otro. En este continente estamos escribiendo, sin la menor duda, el mejor periodismo que jamás se ha hecho. Ahora pongamos nuestra palabra de pie para fortalecerlo y enriquecerlo.

Conferencia pronunciada ante la asamblea de la SIP el 26 octubre 1997, Guadalajara, México.

Octubre de 2006

Señalador

Holden, una introducción, por Rodrigo Fresán (Página/12)

El amor y la asfixia, por Juan Forn (Página/12)

J. D. Salinger, último acto, por Juan Sasturain (Página/12)

Por las calles de Holden, NYTimes.com (NewYorkTimes.com)

Aplaudiendo con una sola mano, por Rodrigo Fresán (Página/12)

El periodista que no cesó de narrar, por Juan Cruz

Fútbol: Manual de Estilo, por Pablo Perantuono (Trabajos Prácticos)

Gorriones, por Fabián Casas (Trabajos Prácticos)

No hay cena gratis, por Pablo Gianera (La Nación)

¿Para qué sirve un crítico?, por Quintín (Perfil)

Un gran pianista (casi) secreto, por Diego Fischerman (Blog)

Piazzolla, Fischerman, Gilbert y mi tío Tito, por Pablo Alabarces

Unidos en el espanto, por Osvaldo Bayer (Página/12)

Howard Zinn, 1922-2010

“Nuestros enemigos más mortíferos no se ocultan en cuevas y campamentos en el extranjero, sino en las salas de juntas de las empresas y en las oficina gubernamentales: allí se toman decisiones que condenan a millones de personas a la muerte y la miseria, no de forma deliberada, sino como daño colateral en la búsqueda del dinero y el poder”, en Sobre la guerra. La paz como imperativo moral, obra que recopila textos escritos entre 2001 y 2006 y aparecidos en diversas publicaciones estadounidenses donde repasa esos escenarios de barbarie y sin razón de ayer o de hoy que son Iraq, la mal denominada guerra contra el terrorismo, Vietnam, Libia, Yugoslavia, la segunda Guerra Mundial.

Sobre el primer año Barack Obama, escribió en The Nation: No me ha decepcionado terriblemente porque no esperaba mucho de él. Esperaba que fuera un presidente demócrata tradicional. En política exterior, eso es poco diferente a un republicano: nacionalista, expansionista, imperial y bélico. La gente está apantallada por la retórica de Obama, y creo que ya debería empezar a entender que será un presidente mediocre, lo cual significa, en estos tiempos, un mandatario peligroso, a menos que se presente un movimiento nacional para empujarlo en una dirección mejor.

Y como dice Pascual Serrano: “si todas las personas pensaran como él, el mundo sería mucho mejor. Y si un hombre, con 85 años, que lleva más de medio siglo enfrentando la adversidad dentro del país más poderoso de la Tierra dirigido por el gobierno más criminal del planeta, sigue animándonos a luchar y seguir defendiendo la esperanza, sin duda alguna tenemos que acompañarlo”. Que así sea.


Libros en Español

La otra historia de los Estados Unidos, traducción de Toni Strubel, Hiru, 1997.
Estados Unidos: Por qué tener esperanzas en tiempos difíciles; La resistencia ignorada; La revuelta de los guardianes, traducción de Valeria Verona, Hiru, 1998.
Emma, traducción de Tony Strubbel, Hiru, 2001.
Nadie es neutral en un tren en marcha, traducción de Roser Berdagué, Hiru, 2001.
Marx en el Soho, traducción de José Sastre, Hiru, 2002.
Sobre la guerra: la paz como imperativo moral, traducción de Ramón Vilà, Debate, 2007.

Documental

The People Speak

Sitio Web

HowardZinn.org

Lola

instantes (de revancha)

Topolillo

Así de grandes y no exagero

d10s

Puvre Ayiti

© Gilmar Fraga

*Puvre Ayiti. “Pobre Haití” en creol, la lengua local de la isla centroamericana

ANOTHER HAITI, Jon Lee Anderson, New Yorker (MIE 13, Enero 2010)

Haiti: a long descent to hell, Jon Henley, Guardian (MIE 13, Enero 2010)

Haití, el país más pobre de la región, devastado por dictadores y el SIDA, Pablo Biffi, Clarín (Jue 14, Enero 2010)

La lección de Haití, por Fidel Castro Ruz, CubaDebate.com (Vie 15, Enero 2010)

Los pecados de Haití, por Eduardo Galeano, CubaDebate.com (Vie 15, Enero 2010)

Haití ya no existe, por Pablo Ordaz, ElPais.com (Sab 16, Enero 2010)

In the streets of Haiti, Jon Lee Anderson, NewYorker (Sab 16, Enero 2010)

Haití pone a prueba el espíritu de cooperación, por Fidel Castro Ruz, CubaDebate.com (Dom 17, Enero 2010)

Las Líneas de Chávez: ¡Haití, Haití!, por Hugo Chávez Frías, CubaDebate.com (Dom 17, Enero 2010)

© epa / Orlando Barria

Señalador

La prensa diaria se muere, por Ignacio Ramonet
El contorno del ojo, por Roberto Bolaño (cuento inédito)

mag+ bajo el brazo


Anda despidiéndote de tu canillita amigo. La carrera por trasladar los diarios y revistas del mundo analógico al digital hace rato que empezó. Y en poco tiempo -ahora sí y de una buena vez- el periodismo en su versión digital podrá mostrar de que madera realmente esta hecho.

pregunta


¿Cómo es posible –se preguntó una vez el escritor chileno Ariel Dorfman, dirigiéndose a la prensa, pero también a los aficionados– que nos importe tanto el drama de quién es el hombre más rápido del planeta, quién nada con más celeridad en el agua estilo mariposa, cuál es el equipo más diestro para manipular un balón y no recordemos, en cambio, quién es el más valiente en la lucha contra la inequidad, el más tenaz en denunciar la polución, el más sereno en insistir en que no podemos dormir tranquilos mientras millones de nuestros congéneres tienen hambre? No tengo nada en contra de los colosales levantadores de pesas o de las maravillosas gimnastas ni menos contra quienes hacen goles a granel, con las manos o con los pies. Pero la pregunta sigue ahí, desafiante, terrible. ¿Y por qué no sabemos los seres vivos y pensantes de este planeta la respuesta?

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El fin de la empatía

(…)Lo que hasta hace poco me parecía sólo una sospecha ha empezado a convertirse en evidencia: en abril de este año, un grupo de investigadores de la Universidad de Southern California, en Estados Unidos, encontraron que el actual bombardeo de información ocurre con mayor rapidez de la que nuestro cerebro es capaz de procesar. “Si las cosas acontecen demasiado rápido, podemos no sentir las emociones vinculadas con otras personas, y eso podría causar algunos cambios en nuestra moralidad”, dijo la investigadora Mary Helen Immordino-Yang. La idea que se desprende de esta investigación es que nuestra atención se posa en la próxima noticia antes de que hayamos tenido tiempo de procesar el contenido emocional de la anterior. Al tener menos tiempo para asimilar la información, tampoco hay tiempo para la empatía. Sabemos un montón de cosas, pero estamos menos conectados a todo eso que sabemos. (…)

Mori Ponsowy para el diario La Nación

oda al rey negro del balompié

En fútbol todo es posible. Firmado: Pelé.

Organiza. Realiza. Premedita. Improvisa. Inicia. Concreta. Dribbla. Economiza. Shotea. Cabecea. Ataca. Defiende. Pivotea. Obstruye. Habilidoso. Inteligente. Talentoso. Joven (21 años). Futbolísticamente maduro (”ve” donde pocos ven, tiene “panorama” de lo que pasa donde él no está). Veloz como un sprinter. Pausado como un estratega. Astuto. Recio donde hay que ser recio. Prestidigitador con la pelota. Sutil y malabarista. Duro y chocador cuando hace falta. Estrella excluyente en cualquier equipo que integre, sea el Santos o la selección brasileña. Pero al mismo tiempo generoso para brindarse como peón. Podría jugar muy bien como eje que haga girar a otros. Prefiere hacerlo mejor: es eje y satélite. Las vedettes que como él producen el fútbol de cuando en cuando son blandas; él es vedette siendo duro, yendo “a las brasas” del área, buscando volver a donde encontró rudezas. Soportándolas. Y devolviéndolas también. Porque juega CON GANAS. LO SIENTE.

Todo eso lo reúne Pelé, además de dos piernas y una cabeza diestras y maduras. Hábiles y talentosas. Sincronizadas. Concepción y ejecución. Todo eso es posible para Pelé.

Todo eso es Pelé, el seguramente más extraordinario y completo futbolista del mundo en estos momentos.

Buenos Aires gustó de la delicia de un fútbol así, de un futbolista así de excepcional, la noche del jueves 28 en cancha de Huracán.

Más fácil que decir qué es Pelé, resultó determinar qué le falta a Pelé. Ser blanco, puesto que es negro. De haber sido blanco sólo le faltaría ser negro.

Futbolísticamente lo tiene todo. Lo puede todo.

Pelé en una cancha de fútbol es fútbol hecho placer. Placer de genialidades, que todas son posibles en Pelé, el sin metáfora fenómeno Pelé. La existencia de Edson Arantes do Nascimento en el fútbol es un fenómeno en el capricho de la creación humana para el fútbol. Los hay pocos en el medio siglo del fútbol organizado. Poquísimos: Orth, en Europa Central; Matthews, en las islas británicas. Pedernera, en América del Sur… Pelé para todo el mundo en la actualidad.

Dante Panzeri, El Gráfico, 4 de octubre de 1961

sensación de inseguridad


“Cuando los medios conceden primacía a lo personal frente a lo impersonal, a los nombres por sobre las cosas, a los actores por sobre los actos (Lapham, 1996), colaboran en la edificación de un espacio público de características menos reflexivas y más emocionales (De Bray, 1995) (…) el hecho de que la cobertura mediática de la violencia se realice fundamentalmente a través de “casos testigos” (…) produce impresiones e identificaciones duraderas que podrían dar lugar al aumento de la desconfianza interpersonal, de la tendencia al retraimiento social y de la demanda por contar con fuerzas de seguridad más “duras” para garantizar la protección colectiva.”

Lila Luchessi y María Graciela Rodríguez coord. analizaron en un periódo de 2 años la “sensación de inseguridad” que sufre la población. Para lograrlo las autoras compararon la curva del Índice de Violencia Social Percibida (IVSP) con la curva de delitos reales según los datos de la Dirección Nacional de Política Criminal (DNPC) del Ministerio de Justicia de la Nación.

Los medios analizados fueron: Clarín, La Nación, Ámbito financiero, Página 12 y la revista Noticias.

Quien desee comprar el libro lo venden en La Crujía, Tucumán 1999

Rogelio, Rodolfo & otros muchachos

http://lavaca.org/deci-mu/deci-mu-rogelio-rodolfo-otros-muchachos/

Rogelio, Rodolfo & otros muchachos

Rogelio García Lupo es parte de la historia y el presente del periodismo argentino, amigo de Rodolfo Walsh desde la adolescencia, con quien pasó por (abróchense los cinturones): la derechista Alianza Libertadora Nacionalista, el peronismo, el antiperonismo, la resistencia peronista, la creación de Prensa Latina en Cuba (con el Che, Jorge Masetti y otro muchacho llamado García Márquez), y la CGT de los Argentinos. Charla sobre el 17 de octubre, Operación Masacre, las agendas, el periodismo y el futuro.

Editor vs. Photographer

Zelaya, entre la épica y la ficción

Honduras, por Ignacio Ramonet (05-08-2009)

Honduras: ¿el principio del fin?, por Atilio Boron (22-09-2009)

Señalador

Ley de Comunicación Audiovisual

Gabriel Mariotto, interventor del COMFER, habla de la posible “desaparición” de TN, Contate Otro

Debate sobre la ley de medios entre Carlos Raimundi, Fernando Iglesias y Pino Solanas, El Juego Limpio

Una ley por todos y para todos los argentinos, Por Pino Solanas

Las 12 claves sobre cómo la Ley de Medios cambiará la vida de los consumidores, Por Rodolfo Barros

Medios Masivos de Comunicación

El futuro no nos va a esperar, Por Roberto Guareschi

“El diario tiene que dar claves de lectura”, Entrevista con José Manuel Calvo

Henry Jenkins, Hipermediático, Por Federico Kukso

Marketing

Los 10 mejores libros de marketing y medios, Por Adage

Música

Todos, Por Divididos (En homenaje a las víctimas de la Tragedia de Santa Fé)

Revolver, Por Rodrigo Fresán

La historia de la humanidad en 14 discos, Por Marcelo Figueras

La discoteca de Babel, Por Diego Fischerman

Detrás del velo, Por Claudio Kleiman

Los fabulosos cuatro: un recuerdo, Por Quintín

Once claves para ser un buen periodista web

En el marco del Taller Editores Frente a la convergencia, que se realizó en Bogotá (Colombia) del 30 de junio al 3 de julio, el maestro de la FNPI Jean François Fogel elaboró una serie de recomendaciones para los periodistas que trabajen o quieran incursionar en el creciente ámbito del periodismo digital. Esta es la propuesta de Fogel.

1. No dejar de ser periodistas: Más allá de los cambios que han causado los nuevos formatos y las nuevas tecnologías, los fundamentos de investigación, reportería y ética que rigen este oficio siguen vigentes.

2. Bajarse del pedestal: Internet ha terminado con la superioridad que los periodistas tenían frente a las audiencias. Hoy esta relación es horizontal, por eso, es necesario que los periodistas se liberen de su ego y aprendan a entender, valorar y aprovechar los intereses y la participación de las audiencias.

3. Generar debates: Internet es el medio de participación por excelencia. Su inmediatez, su facilidad de acceso y sus herramientas interactivas son el escenario perfecto para generar opinión, debates y desafiar a las audiencias a que se hagan parte activa de la información.

4. Sumergirse en la cultura digital: Es imprescindible que un periodista web esté al tanto y participe activamente en redes sociales, canales de información, blogs, comunidades y sepa aprovechar las herramientas de la web 2.0 en sus labores diarias.

5. Entender la base de los diferentes medios: En el tema de la convergencia es clave que el periodista sepa identificar los puntos fuertes de cada medio para saber qué recursos puede aprovechar de cada uno de ellos.

6. Conocer la narración multimedia: El periodismo online exige ir mucho más allá del texto. Hoy los usuarios necesitan contenidos con video, fotos, infografías, material descargable y enlaces a informaciones relacionadas. Para eso, se requiere tener muy claro los conceptos que exige la narración multimedia.

7. Coordinar comunidades online: Estar al tanto de la interacción social en la red es fundamental para acercarse a las audiencias, sintonizarse con sus intereses y darles visibilidad. Saber aprovechar el potencial que ofrecen las comunidades online es una estrategia clave para mantener un sitio dinámico empujado por la energía de los usuarios.

8. Leer estadísticas de tráfico y datos de los usuarios: Gracias a varias herramientas que existen en internet, los periodistas pueden tener una idea clara de cómo se comporta su sitio, cuántas visitas recibe, cuáles son los contenidos más apetecidos, que secciones y funcionalidades despiertan mayor interés y participación, entre otras. En general, las estadísticas que ofrecen sitios como Google AnalyticsAlexa permiten seguirle el rastro a las audiencias y conectarse con sus necesidades.

9. Asumir el rol de autor, editor y publicar su propio material: La forma intuitiva en las que están diseñadas las herramientas web y la inmediatez que exige este medio, crean un escenario en el que una sola persona puede encargarse de todo el proceso de producción de contenidos.

10. Entenderse con los equipos de desarrollo tecnológico: Una de las barreras que enfrentan los periodistas que tienen algún emprendimiento web, es enfrentarse a un equipo de ingenieros que por motivo técnicos frenan sus iniciativas. Por eso, es importante que el periodista maneje los conceptos tecnológicos para tener argumentos a la hora de solicitar un recurso o una innovación.

11. Adaptarse a los ciclos de vida de la información: El ritmo vertiginoso de la web exige que los contenidos circulen, se complementen, se transformen, se enlacen con gran rapidez y le den paso a otros productos más relevantes cuando sea necesario. Es una lógica muy distinta a la de los medios impresos donde la información queda estática una vez publicada.

Misión

Trabajar por la excelencia del periodismo y su contribución a los procesos de democracia y desarrollo de los países iberoamericanos y del Caribe, a través de talleres y seminarios de formación e intercambio entre periodistas, colaboración en redes y estímulos al desarrollo profesional.

Valores de la Organización

El compromiso expresado en la misión se sostiene en los siguientes valores institucionales, que deberán estar presentes en la forma de diseñar y ejecutar todos los proyectos y programas de la fundación:

  • Ética periodística: Será el principio orientador de todas las actividades de la Fundación.
  • Calidad narrativa y rigor investigativo: De los distintos atributos del periodismo de excelencia, daremos la máxima importancia a promover la capacidad de contar historias en forma creativa y el rigor en la investigación periodística.
  • Periodismo como servicio público: Entendemos el periodismo como un servicio público que, por tanto, debe ser responsable y útil ante la sociedad.
  • Libertad de expresión y derecho a la información: Apoyamos la defensa de la libertad de expresión y el derecho a la información como garantías esenciales para desarrollar nuestro trabajo. Sin embargo, no haremos activismo público.
  • Independencia: Consideramos que los periodistas, estén o no vinculados laboralmente a un medio de comunicación, deben actuar como trabajadores intelectuales independientes. Promoveremos la independencia y el espíritu crítico como condiciones indispensables para la excelencia periodística.
  • El oficio: Nuestro ámbito de acción se circunscribe a la práctica del periodismo, que diferenciaremos claramente de otros campos de la comunicación.
  • Los periodistas: Trabajaremos con periodistas en ejercicio que tengan potencial de contribuir a la búsqueda de la calidad del periodismo y de aprovechar las oportunidades que ofrecemos en razón de su vocación, talento, liderazgo y espíritu de servicio a la sociedad.
  • Experiencia y aprendizaje: El taller es la esencia de nuestro modelo de formación de periodistas. Nos interesa el aprendizaje basado en el trabajo práctico, el intercambio de experiencias específicas y un genuino interés de los participantes en nuestros programas. No ofreceremos diplomas ni certificados de asistencia.
  • Pluralismo: Incentivaremos la comunicación entre pares y el libre examen de los temas del periodismo, en un ambiente horizontal de tertulia y camaradería.
  • Equidad: En los programas procuraremos asegurar el equilibrio de género y repartir las oportunidades de participación a periodistas de distinto origen geográfico y capacidad económica, que sean escogidos ante todo por sus méritos y su capacidad de aportar a las actividades y de crecer como ciudadanos, profesionales y autores.
  • Autonomía: Nos aseguraremos de actuar con imparcialidad e independencia institucional frente a financiadores, aliados, medios de comunicación y periodistas en los procesos de formulación de programas, ejecución de proyectos y gestión de recursos.

El mundo según Monsanto

Documental de Marie-Monique Robin

En “El mundo según Monsanto” Marie-Monique Robin relata la historia de la empresa multinacional de origen estadounidense Monsanto, líder mundial en producción de organismos genéticamente modificados (OGM).

Apoyada en documentos inéditos, testimonios de víctimas, de científicos y políticos, Robin reconstruye la génesis de un imperio industrial construido gracias a informes falsos, contactos con la administración norteamericana, grupos de presión y corrupción y nos muestra el papel jugado por esta multinacional en la extensión planetaria de la agricultura transgénica, sin ser sometida a controles serios sobre sus efectos en el ser humano.

La idea de éste tema surgió casualmente en la Argentina. Robin realizó una primera investigación en la que hacía un balance de la producción agrícola transgénica en nuestro país. En ese trabajo advirtió que los cultivos trangénicos, que cubrían entonces el 50 por ciento de la superficie cultivada del país, utilizaban la soja llamada Roundup Ready, una semilla manipulada por Monsanto para resistir al Roundup, el herbicida más vendido en todo el mundo desde los años ’70 y fabricado, casualmente, por Monsanto.

Ver Documental

Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo. Mande copias a sus amigos. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. VUELVA A SENTIR LA SATISFACCION MORAL DE UN ACTO DE LIBERTAD. DERROTE AL TERROR. HAGA CIRCULAR ESTA INFORMACION.

la dignidad rebelde

La Cuarta Guerra Mundial
Declaración del Subcomandante Marcos sobre la Cuarta Guerra Mundial

Julio de 2007
Jesús Quintero entrevista al Subcomandante Marcos en su programa televisivo El loco de la colina para la televisión española.

La lucha continua – Parte Uno

La lucha continua – Parte Dos

Entrevista

Entrevista – Parte Dos

Entrevista – Parte Tres

Entrevista – 60 Minutes

Entrevista – 60 Minutes – Parte Dos

digna rabia

I.

Allá arriba pretenden repetir su historia.

Quieren volver a imponernos su calendario de muerte, su geografía de destrucción.

Cuando no nos despojan de nuestras raíces, las destruyen.

El trabajo nos roban, la fuerza.

Nuestros mundos, la tierra, sus aguas y tesoros, sin gente dejan, sin vida.

Las ciudades nos persiguen y expulsan.

Los campos mueren y nos mueren.

Y la mentira se convierte en gobiernos y el despojo arma a sus ejércitos y policías.

En el mundo somos ilegales, indocumentados, indeseados.

Perseguid@s somos.

Mujeres, jóvenes, niños, ancianos mueren en muerte y mueren en vida.

Y allá arriba predican para abajo la resignación, la derrota, la claudicación, el abandono.

Acá abajo nos vamos quedando sin nada.

Sólo rabia.

Dignidad tan sólo.

No hay oído para nuestro dolor como no sea el del que como nosotr@s es.

Nadie somos.

Solos estamos y sólo con nuestra dignidad y con nuestra rabia.

Rabia y dignidad son nuestros puentes, nuestros lenguajes.

Escuchémonos pues, conozcámonos entonces.

Que nuestro coraje crezca y esperanza se haga.

Que la dignidad raíz sea de nuevo y otro mundo nazca.

Hemos visto y escuchado.

Pequeña es nuestra voz para eco ser de esa palabra, nuestra mirada pequeña para tanta y tan digna rabia.

Vernos, mirarnos, hablarnos, escucharnos hace falta.

Otros somos, otras, lo otro.

Si el mundo no tiene lugar para nosotr@s, entonces otro mundo hay que hacer.

Sin más herramienta que la rabia, sin más material que nuestra dignidad.

Falta más encontrarnos, conocernos falta.

Falta lo que falta…

II.

A 3 años de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, el EZLN ha hecho una reflexión colectiva, alimentada por el horizonte más ancho que nuestr@s compañer@s de La Otra Campaña en México y de la Zezta Internacional en el Mundo nos han regalado.

No es poco lo que hemos visto y escuchado, en veces directamente, en veces en las palabras y miradas de l@s otr@s.

Tanta es la rabia que tocamos y tanta la dignidad que encontramos que pensamos que somos más pequeños todavía de lo que creíamos.

En México y en los 5 continentes hemos encontrado lo que intuíamos cuando iniciamos éste nuestro sexto paso: hay otro mundo, hay otro camino.

Si la catástrofe que se avecina puede evitarse y la humanidad tiene otra oportunidad, será por es@s otr@s que, abajo y a la izquierda, no sólo resisten, también esbozan ya el perfil de otra cosa.

De algo diferente a lo que arriba ocurre.

En la imposible geometría del Poder político, los fundamentalismos se reparten equitativamente: las derechas se tornan ultraderechas y las izquierdas institucionales se mudan a la imposible derecha ilustrada. Quienes en la prensa progresista se quejan de que los fanáticos de la prensa de enfrente censuren, tergiversen y calumnien a su caudillo, a su vez censuran, tergiversan, calumnian y callan frente a cualquier otro movimiento que no se haya doblegado al dictamen del cabecilla, y sin pudor reparten condenas y absoluciones al compás de un rating mediático sin sentido. Fanáticos de uno y otro lado disputan mentiras vestidas de verdades y los crímenes valen según el tiempo mediático que ocupan. Pero todo esto no es sino el pálido reflejo de lo que ocurre en la política.

El hastío frente al cinismo y la incompetencia de las clases políticas tradicionales, se ha ido convirtiendo en rabia. En veces esa rabia sigue la esperanza de un cambio por los mismos caminos de siempre, y se topa o con la desilusión que inmoviliza o con la fuerza arbitraria que avasalla. El norte revuelto y brutal vuelve a las andadas. Cuando no patrocina fraudes electorales (como en México), promueve, alienta y financia golpes de Estado (como ahora intenta en Bolivia y Venezuela). La guerra sigue siendo su diplomacia internacional por excelencia: Irak y Afganistán arden pero, para la desesperación de arriba, no se consumen.

Las imposiciones de hegemonismos y homogeneidades a escala mundial, encuentran en las naciones, en las regiones y en las pequeñas localidades, los aprendices de brujo que ensayan la imposible vuelta histórica a un pasado donde el fanatismo era ley y el dogma ciencia. Mientras tanto, las clases políticas gobernantes han encontrado en el mundo de la farándula el disfraz adecuado para ocultar su ingreso al crimen organizado.

Harto de tanta avaricia, el planeta empieza a pasar la impagable cuenta de su destrucción. Pero las catástrofes “naturales” también son de clase y sus estragos se hacen sentir sobre todo entre los que nada tienen y nadie son. Frente a esto, la estupidez del Poder no tiene límites: millones y millones de dólares se dedican a fabricar nuevas armas y a instalar más bases militares. El Poder del capital no se preocupa de formar maestr@s, médic@s, ingenier@s, sino soldados. No prepara constructor@s, sino más destructores.

Y quienes se oponen a eso son perseguid@s, encarcelad@s, asesinad@s.

En México están en la cárcel campesinos que defendieron su tierra (San Salvador Atenco); en Italia son perseguidos y tratados como terroristas quienes se oponen a la instalación de bases militares; en la Francia de “la libertad, la igualdad y la fraternidad” los seres humanos sólo son libres, iguales y hermanos si los papeles así lo dictan; en Grecia la juventud es un vicio que hay que erradicar; otra vez en México, pero ahora en la ciudad del mismo nombre, l@s jóvenes son criminalizados y asesinados y nada pasa porque no está en la agenda que arriba dictan los de uno y otro lado, mientras una consulta legítima se convierte en el penoso lavamanos de un jefe de gobierno asesino; en la España de la moderna Unión Europea se cierran publicaciones y se criminaliza una lengua, el euskera, pensando que matando la palabra matan a quien la enarbola; en la Asia tan cercana, a las demandas campesinas se responde con sinrazones blindadas; en la soberbia Unión Americana, nacida de la sangre de inmigrantes, se persigue y asesina a l@s otr@s colores que ahí trabajan; en el largo dolor que se llama Latinoamérica es despreciada y humillada la sangre morena que la sostiene; en el Caribe insumiso, un pueblo, el cubano, debe sumar a la desgracia natural la de un bloqueo imperial que no es más que un crimen sin castigo.

Y en todos los rincones de la geografía del mundo y en todos los días de sus calendarios, aquell@s que trabajan, aquell@s que hacen andar las cosas, son despojados, despreciados, explotados, reprimidos.

Pero también hay veces, muchas, tantas que la sonrisa nos arrancan, que las rabias buscan sus propios caminos, nuevos, otros. Y el “no” que levantan ya no sólo resiste, también empieza a proponer, a proponerse.

Desde nuestra aparición pública, hace ya casi 15 años, ha sido nuestro empeño el ser puente para que las rebeldías caminen de uno a otro lado.

En veces lo hemos conseguido, en veces no.

Ahora vemos y sentimos no sólo la rebelde resistencia que, hermana y compañera, se mantiene a nuestro lado y alienta nuestros pasos.

Ahora hay algo que antes no estaba, o que no alcanzamos a ver entonces.

Hay una rabia creativa.

Una rabia que pinta ya todos los colores de los caminos de abajo y a la izquierda en los cinco continentes…

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Septiembre del 2008.

http://dignarabia.ezln.org.mx/

3 años sin JJLópez

La causa está en la más absoluta impunidad, sin pistas firmes, ni sospechoso, mucho menos detenidos. La investigación sigue paralizada en la eterna interna burocracia de nuestro travestismo judicial.

Escuchá la voz de Jorge Julio López

Escuchá el editorial del último programa de Marca de Radio, Adriana Meyer + Eduardo Aliverti.

Autor foto: Horacio Paone
Pcia. de Buenos Aires, 14 de Agosto de 2006

Jorge Julio López, testigo en el juicio contra el represor Miguel Echecolatz, durante la visita a la Comisaría 5ta. de La Plata, donde había sido detenido y torturado por la dictadura militar.
Jorge Julio López desapareció en democracia y fue visto por última vez el domingo 17 de Septiembre. Su testimonio fue clave para que el 19 de Septiembre el Tribunal Oral Federal N° 1 de la ciudad de La Plata condenara a reclusión perpetua al ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, en un fallo histórico que incluyó la figura de ‘’genocidio’’ que le da carácter imprescriptible a los delitos cometidos

la caja boba se nos muere

La televisión se muere

por Pascual Serrano
Rebelión

Hace cincuenta años, el periodista estadounidense Edward Murrows, quien luego sería retratado en la película Buenas noches y buena suerte (2005), afirmó en un discurso frente a Asociación de Directores de Informativos para Radio y Televisión: “Como no dejemos de considerarnos un negocio, y no reconozcamos que la televisión está enfocada básicamente a distraernos, engañarnos, entretenernos y aislarnos, la televisión y los que la financian, los que la ven y los que la producen, podrían percatarse del error demasiado tarde”.

Ese “demasiado tarde” parece que ya está llegando. Una encuesta realizada en Estados Unidos por la institución sin ánimo de lucro Conference Board, revela que el 40 % de los hogares de ese país (un 20 % más que el año anterior) ya no utiliza la televisión y, si le interesa algo de ella, lo ve on line en internet. Para comprenderlo vale la pena explicar que que en España, la futura Ley Audiovisual establece hasta 29 minutos de publicidad (incluida también la autopromoción y telepromoción) por cada hora de emisión, es decir, que la mitad del tiempo que una persona pase frente al televisor será viendo anuncios. Hasta la Asociación Española de Anunciantes (AEA) llegó a pedir que se limitara el tiempo permitido de publicidad debido a que este exceso terminaría provocando un rechazo al medio, y un rechazo al anunciante que financia dicho medio.

La televisión, al menos tal y como la entendemos ahora, ese aparato que hay en el salón donde emiten una programación previamente definida por los directivos de cada canal, se muere. Lo trágico es que morirá sin haber prestado muchos de los servicios para los que hubiera podido servir. La televisión podría haber educado mediante ricos recursos audiovisuales a gran parte de nuestra sociedad (en profesiones manuales, en alfabetización en zonas rurales, en idiomas… ), desde ella podríamos haber seguido en directo el funcionamiento de nuestras instituciones y la vida política de nuestra sociedad (plenos municipales, asambleas vecinales, mítines y actos políticos íntegros…). Si la televisión no hubiera convertido las guerras en espectáculo pirotécnico y partes de bajas, podría también habernos explicado el mundo.

Pero nada de todo esto ha hecho este gran invento. El resultado ha sido la búsqueda desesperada de audiencias mediante la frivolización y la banalización, la avaricia para captar publicidad hasta provocar el hartazgo, y la simplificación de un mensaje, siempre fundamentado en la disponibilidad de buenas imágenes y no en la suficiente racionalización para explicarlas. Todo ello está llevando a la tumba a nuestro modelo de televisión.

Frente a quienes afirman que el tubo catódico solo sirve para entretener, divertir y aislar, algunos llegamos a pensar, al igual que Edward Murrows, que “la televisión puede enseñar, puede arrojar luz, y sí, hasta puede inspirar; pero sólo lo hará en la medida en que nosotros estemos dispuestos a utilizarla con estos fines. De lo contrario, sólo sera un amasijo de luces y cables”. Y esto parece que es lo que ha sucedido. Buenas noches y buena suerte.

Pascual Serrano es periodista. Su último libro es “Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo” . Junio 2009. Editorial Península www.pascualserrano.net