Don Durito de la Lacandona
Y cuando la charla se tornó en pelea, Durito se sienta en la costura de mi cuello y me dice: – ¡Ah mi querido y torpe escudero!, el hablar es resbaladizo y problemático. En realidad sólo vale la apena pelear con una mujer, único ser con quien es gratificante resbalarse y meterse en problemas. Y para hablar con una mujer uno debe hacerlo al oído. Así no importa tanto lo que uno dice, si no el tierno y tibio acercamiento al aroma de su pelo.
Don Durito de la Lacandona / Subcomandante Marcos / 1999




















