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el sonido de un hombre inquieto y pocas veces solo
Buenos Aires no es el ombligo del jazz moderno, pero sin embargo, después de conquistar la ciudad que sí lo es, Guillermo Klein decidió regresar para encontrarse nuevamente con el tango
En diez años de odisea por el norte, grabó cuatro discos, fue arreglador de Paquito D’Rivera, se dio el gusto de formar pequeñas orquestas con decenas de virtuosos músicos y con su repertorio cautivó a la exigente crítica de la Gran Manzana.
A principios de este año, la revista especializada Jazztimes publicó un artículo donde se lee: “Mucha de la música más rica, evocativa y mejor realizada en la escena neoyorquina del último año proviene del lápiz de un joven y brillante pianista y compositor de Buenos Aires”.
A pesar de todo eso, su música permanece oculta en la Argentina. Callado, como a escondidas, llegó hace menos de dos meses, junto a su esposa y su piano con un propósito: sacudir a Buenos Aires con su particular sonido.
Disparen sobre el pianista
Hijo de inmigrantes judíos, Klein se preocupó desde temprano en hacerse un lugar dentro de la música. “En casa no había piano y todas las tardes me iba a lo de un amigo a practicar. Mi vieja se enojó durante todo un año y terminó regalándome uno“, comenta.
Después de estudiar en cuanto conservatorio o escuela de música existiera, surgió la posibilidad de viajar hasta Boston y perfeccionarse en la Berklee College of Music. “Fue idea de mi vieja –explica-, lo leyó en un diario. Yo no sabía de que se trataba hasta que fui a un curso que dio en Buenos Aires el director de Berklee, Gary Burton. Me convenció y desde ese momento no paré de componer”.
Al poco tiempo y con veinte años recién cumplidos, Klein estaba en los Estados Unidos jugando con su piano en la misma escuela por la que habían desfilado grandes monstruos de la historia del jazz.
En esos tres años de carrera no perdió el tiempo. El poco que le sobrara, después de largas horas de estar sentado frente a los teclados, lo utilizó para hacer realidad un ambicioso proyecto: formar una pequeña orquesta de sólo 17 músicos a la que llamó Big Van (juego de palabras que en ingles significa Gran Camioneta y no, Gran Banda, como suelen llamarse a las Big Bands).
“Con el diploma de Berklee bajo el brazo, en lugar de volverme a Buenos Aires, me fui a New York. Vivía a dos cuadras de Smalls, un boliche que recién abría. Un día entré a tomar una cerveza y el dueño terminó invitándome a tocar con mi Big Van. Se entró a correr la voz, hasta que se publicó una nota en The New York Times que decía que no había otra banda que sonara así en Nueva York. El boliche empezó a llenarse todas las semanas y Smalls encontró su lugar en el mapa del jazz neoyorquino. Yo era el único latino que tocaba seguro ahí y ahora tocan nada menos que Wynton Marsalis, Brad Mehldau o Kurt Rosenwinkle”, recuerda.
La pequeña orquesta del joven e inquieto Klein terminó de gestarse ese mismo año y desde 1995 comenzó a ser numero fijo en las carteleras de los mejores clubes nocturnos de la gran manzana.
“La idea de armar una big band surgió desde muy chico. Con mi hermano y unos cuantos amigos nos juntábamos de vez en cuando en casa y tocábamos cualquier cosa . Algo siempre salía. Con Los Guachos y la Big Van pasó algo similar: nos conocimos, empezamos a improvisar y el resto salió solo”, asegura.
En sus filas, la Big Van alojaba a jóvenes músicos que, como el argentino, habían llegado desde cualquier rincón del planeta a Nueva York con el deseo de tocar música. El pianista Aarón Goldberg, Marc Miralta, Chris Cheek y los porteños Richard Nant y Juan Cruz Urquiza eran algunos de ellos.
Dos años mas tarde junto a su Big Van, Klein grabó su primer disco, El Minotauro, para el sello Candid Records. “Un disco muy personal –recuerda-, con muchas referencias a Buenos Aires. Todos los temas los había compuesto antes de entrar al estudio y sólo tuvimos que hacer lo que veníamos haciendo: solo jazz”.
Entre anécdotas, sentado al piano en su nueva casa de San Telmo, Klein confiesa que su gran virtud no es justamente tocar de manera magnifica el piano, sino mediante él, sonar distinto a los demás.
Será por eso que la exquisita crítica de la Gran Manzana no esquivó la música del argentino. En uno de sus artículos para The New York Times, el periodista Ben Ratliff escribió:“ Las composiciones de Klein hablan por sí mismas, mucho más alto que el trabajo de la mayor parte de los compositores de jazz de su generación”.
Influenciado por el impulso de las orquestas del gran Gil Evans y de la pianista Carla Bley, asegura haber alcanzado la madurez como compositor al poco tiempo de haber grabado El Minotauro.
Junto a los argentinos Diego Urcola, Richard Nant y Juan Cruz Urquiza –hoy miembro del virtuoso combo porteño Quinteto Urbano-, fundó un nuevo ensamble al que llamó Los Guachos. “No encontré otro nombre que nos represente mejor. Todos habíamos llegado solos con nuestros instrumentos a una ciudad que nos asustaba. Parecíamos huérfanos, unidos nada más que por un mismo deseo de improvisar y Guacho me pareció que era el mejor adjetivo para describir al grupo.”, aclara Klein con una tímida sonrisa en su boca mientras acaricia su piano.
Con ellos grabó tres discos y se presentó una sola vez en Buenos Aires hace tres años. El primer disco, titulado con el mismo nombre de la banda, nunca pudo salir a la venta. A pesar que Klein lo considere su mejor disco, el sello Candid Records por falta de presupuesto nunca lo editó.
El año pasado, al frente de su pequeña big band de 12 músicos grabó su segundo disco, Los Guachos Vol.2, para el sello independiente Sunnyside y hace cuatro meses, poco antes de regresar a Buenos Aires, terminó las sesiones de su cuarta y última producción, Los Guachos Vol.3, que saldrá a la venta en febrero del 2001.
Hoy, las voces de Claudia Acuña y Luciana Souza, los saxos de Bill Mchenry y Chris Cheek o la guitarra de Ben Monder –todos integrantes del ensamble Los Guachos- forman parte del paisaje musical que Nueva York ofrece a diario.
Lo que viene
En sus diez años de autoexilio, desde el silencio más profundo, Guillermo Klein esculpió los sonidos que mas tarde serían reconocidos por la prensa norteamericana como la esencia de la gran manzana.
Pocos como él, en los últimos tiempos, se han atrevido a fusionar la libertad del jazz moderno con los ecos nostálgicos de las antiguas orquestas de Nueva Orleans.
De vuelta en la Argentina, Klein busca revancha. Desde hace dos meses se encuentra sumergido en un humilde proyecto. Junto a los trompetitas de siempre, Urquiza, Nant y Urcola, en silencio está formando una nueva Big Van de pura sangre porteña.
En la lista de posibles músicos a integrarla, Klein ya tiene anotados a Oscar Giunta en batería, Rodrigo Domínguez y Ricardo Cavalli en saxos y también un tal Rodolfo Mederos en bandoneón. ¿Qué más puede pedirse?.
Su demorado sonido, trascendental e inquieto, parece estar llegando a Buenos Aires. Habrá que esperar y ver que pasa.
Discografía Selecta
Guillermo Klein, Filtros (Sunnyside, 2008)
Guillermo Klein, Una Nave (Sunnyside, 2005)
Guillermo Klein, Live in Barcelona (Fresh Sound New Talent, 2005)
Guillermo Klein, Los Guachos III (Sunnyside, 2002)
Guillermo Klein, Los Guachos II (Sunnyside, 1999)
Guillermo Klein, El Minotauro (Candid, 1997)





