Ortega no se va
Por Washington Cucurto
El mundo de los libros es apasionante. Ojalá todas las personas tuvieran la suerte de descubrirlo. A mí se me presentó de casualidad. Era joven y curioso, no estudiaba y dedicaba mi vida a reponer una góndola en un supermercado y a conquistar paraguayas en los bailes de Constitución.
Los sábados a la tarde, con Gustavito Donaire, un cumpa del súper, nos tomábamos un cole y nos íbamos para los bailes. ¡Cómo nos producíamos para cumbiantear! ¡Con sólo decirles que nos poníamos una camisa manga larga colorinche a rayas y nos bañábamos con olor a Axe, el desodorante de los bailanteros!
Al barrio le decíamos Consti y a ellas, tickis!
Muchas veces, en la calle, Gustavito me decía señalándome a dos chicas que caminaban juntas: “Mirá esas tickis que van ahí”. Y así pasaban mis días, llenos de alegría, en pleno neoliberalismo de la década infame de los 90. Fuimos unos inconscientes totales. Recuerdo que salía del trabajo, todavía transpirado, con la tierra en la piel y me iba derechito al sector “créditos para el personal” y sacaba a crédito heladeras, televisores, Aiwas que estaban de moda. Adquirí una philipshave para afeitarme en seco que todavía conservo. ¡Qué manera de consumir y alimentar mi materialismo!
Un buen día comencé a recorrer las librerías del centro de la ciudad. Investigaba, leía y toqueteaba los libros usados. Me gustaba la poesía. Pero el verdadero mundo de los libros me llegó a través de las personas. Para mí, la literatura es la casa de Daniel Durand.
Y fue en aquellas tertulias, en la casa del poeta del Once, donde conocí el verdadero mundo de los libros. Eran fenomenales esas reuniones donde se hablaba de los hermanos Lamborghini, de Delmore Schwartz, Zelarayán, de Lezama Lima.
¿Quién se acuerda hoy de Hinostroza, de Luis Rogelio Nogueras, de Gerardo Deniz, de Alberto Girri?
¡Los libros de poesía! ¡Qué tesoros preciosos circulaban en esa pequeña terraza de Once!
De entre tantos poetas yo quiero hablarles de mi amigo Ricardo Piña, un artista de la ciudad. A Ricardo lo conocí hace muchos años, en la biblioteca municipal Evaristo Carriego. No había editado nada todavía, pero siempre me mostraba una hoja con un poema suyo que terminaba gustándome. Rara vez le hice un comentario. Su poesía siempre me gustó, pero nunca se lo dije. Con los años me hice lector y admirador suyo.
Ésta podría ser la historia de miles de poetas de la ciudad, sino fuera porque Ricardito Piña acaba de editar un verdadero hit cartonero. Su libro de poesía deportiva, Ortega no se va, se convirtió en un inesperado y placentero best seller. Algo así como la voz de las hinchadas. Todos los días llegan por los menos diez hinchas de River a la cartonería pidiendo su libro.
Ortega no se va salió hace una semana, imprimimos 500 ejemplares y está pronto a agotarse.
El broli, imagínense, boga por la vuelta urgente del ídolo, con gran tono, sagacidad poética y metáforas metacósmicas. Y con este sentimiento se identifican miles de riverplatenses. Quizás ese sea el motivo de su éxito. Faltaba un libro de poesía popular que pudieran leer las masas iletradas de la pelota.
Pero tal parece que el agite cultural del broli recién comienza, pues los otros días vino un lungo a la carto y lo abrazó a Ricardito llorando, parecía ser uno de los capos de los hinchas que nos propuso usar el libro como estandarte para llevar a la cancha y así reclamar la vuelta del Burrito. Incluso, ya están estudiando los versos para volverlos canción tribunera.
Es el gran triunfo de Ricardito Piña, poeta de la ciudad reconocido por los hinchas. Caso único en nuestra literatura. Ni Roberto Arlt pudo ser tan popular.
Desde ya, recomiendo que se vayan agenciando un ejemplar cartonero y único de Ortega no se va, dentro de veinte años será joya de oro; fósil que estudiarán profesores norteamericanos en las más prestigiosas universidades del mundo.
Ricardito Piña se lo merece, porque es un poeta que siempre hizo lo que quiso, escribir poesía.
¡Y la pegó! ?
Ortega no se va
Por Washington Cucurto
Pag. 49, Revista C número 61, 26 de Abril de 2009, CriticaDigital.com





